Derechos Humanos

Foucault y los derechos fundamentales de los presos

Foucault y los suplicios en los penales del siglo XIX

Durante los siglos XVIII y XIX -sugería Foucault- parecía consolidarse la civilización en la ejecución de las penas. Y valgan verdades, parece que esto fue así, si tomamos en consideración que se pasó de aplicar penas brutales como el descuartizamiento por caballos o el retiro de la entrañas -seguida de la quema de las mismas- durante la agonía del penado a una aplicación de la condena capital con suplicios menos “prolongados y, por consiguiente, crueles”, para llegar -finalmente- a preferir las penas de restricción de derechos como la libertad personal y de trabajo, lo que representaba el tránsito de una lógica punitiva sobre el cuerpo a uno, más moderado, no corporal (2006, págs. 19-23).

No obstante de que esta civilización de la sanción penal era una tendencia que se desprendía de la normativa aplicable; indicaría Foucault que, inclusive a mediados del siglo XIX, no se podría afirmar que la acción penal sobre el cuerpo haya quedado suprimida, toda vez que:

[…] la pena ha dejado de estar centrada en el suplicio como técnica de sufrimiento; ha tomado como objeto principal la pérdida de un bien o de un derecho. Pero un castigo como los trabajos forzados o incluso como la prisión -mera privación de libertad-, no ha funcionado jamás sin cierto suplemento punitivo que concierne realmente al cuerpo mismo: racionamiento alimenticio, privación sexual, golpes, celda. ¿Consecuencia no perseguida, pero inevitable, del encierro? De hecho, la prisión en sus dispositivos más explícitos ha procurado siempre cierta medida de sufrimiento corporal. La crítica que ha solido hacerse al sistema penitenciario, en la primera mitad del siglo XIX (la prisión no es lo suficientemente punitiva: los presos pasan menos hambre, menos frío, se hallan menos privados en resumen que muchos pobres o incluso obreros) indica un postulado que jamás se ha suprimido francamente: es justo que un condenado sufra físicamente más que los otros hombres. La pena se disocia mal de un suplemento de dolor físico. ¿Qué sería un castigo no corporal? (Foucault, 2006, pág. 23)

Estas primeras páginas de Vigilar y castigar: Nacimiento de la prisión, sugiere que el cambio de las penas en las últimas centurias no ha implicado el retiro del suplicio, solo que su forma de concreción ha mutado, manteniéndose una idea: que es justo que los presos sufran más que otras personas. Si bien la afirmación es aplicable principalmente a la realidad de parte de Europa del siglo XIX, podríamos preguntarnos si permanece tal idea en la actualidad, al menos en la realidad peruana (y que, posiblemente, no diste mucho de la latinoamericana).

La realidad penitenciaria peruana

Sobre ello, el inciso 22 del artículo 139 de la Constitución Política del Perú establece que el régimen penitenciario tiene por objeto la reeducación, la rehabilitación y la reincorporación del penado a la sociedad. Ello sumado al resto de derechos fundamentales contenidos en la Constitución y los tratados internacionales aplicables, nos lleva a afirmar que, la aplicación de la pena no busca infligir suplicios o daños corporales al condenado.  No obstante -a diferencia de la perspectiva fáctica de Foucault- esto solo representa una óptica abstracta normativa, cuya aplicación puede traer elementos adicionales y efectos no deseados.

Al respecto, al año 2018, la Defensoría del Pueblo identificó que el hacinamiento en los establecimientos era el principal problema del Sistema Penitenciario peruano, el cual existía -en gran parte- por el uso extensivo de la prisión preventiva por parte de los jueces; lo cual permite la constitución de graves problemas en los penales como la poca disponibilidad de espacios para que los internos realicen actividades básicas -como dormir- además de contar con una pobre atención a la salud y del tratamiento penitenciario (2018, págs. 55-56).

Pero más allá de que haya pronunciamientos oficiales que reconozcan la existencia de estos problemas, lo cierto es que no se evidencia la adopción de medidas sustanciales a favor de la población penitenciaria, lo cual -guste o no- la coloca en una situación de vulnerabilidad, haciendo pertinente la observación de Foucault, sobre la idea social -implícitamente legitimada- de que los internos deben sufrir más que cualquier otra persona.

El Covid -19 y los derechos humanos de los internos

En el actual contexto de pandemia, no queda claro cuáles son las medidas efectivas que se están adoptando a favor de la población penitenciaria frente al COVID – 19, tomando en consideración que la mejor medida para evitar que la población se contagie es el aislamiento social, para lo cual se requiere un espacio con el que no cuenta el Sistema Penitenciario.

El mantener la situación de hacinamiento como piedra angular del Sistema implica permitir la prevalencia de la persecución penal (o del adecuado desarrollo de procesos en trámite) sobre los derechos como la vida y la salud de los internos, básicos para el goce del resto de sus derechos fundamentales y los pone en una potencial situación de mayor sufrimiento que la población en libertad. Legitimar ello podría resultar válido en un Estado con un contexto exótico, no en uno que se jacte de ser constitucional y que tiene diversos compromisos a favor de los derechos humanos.

El desarrollo de la pandemia es una prueba de fuego tanto para el Estado peruano como para la teoría y la práctica en materia de derechos humanos, que nos pondrá en diferentes escenarios futuros ubicados entre los siguientes polos: de si consideramos a rajatabla que el Estado es responsable por la amenaza o vulneración de derechos humanos o que los derechos humanos, en determinados contextos de emergencia, pueden validar la afectación intensa de los derechos de los internos, polo cercano a lo observado por Foucault sobre la realidad penitenciaria en el siglo XIX.

Lima, 12 de abril de 2020.

Trabajos citados

Defensoría del Pueblo. (2018). Informe de Adjuntía Nº 006-2018-DP/ADHPD. “Retos del Sistema Penitenciario Peruano: Un diagnóstico de la realidad carcelaria de las mujeres y varones.”. Lima: Defensoría del Pueblo. Obtenido de https://www.defensoria.gob.pe/wp-content/uploads/2019/01/Informe-de-Adjuntia-006-2018-DPADHPD-1.pdf

Foucault, M. (2006). Vigilar y castigar: Nacimiento de la prisión (Primera ed.). (A. Garzón del Camino, Trad.) Buenos Aires: Siglo XXI.

4 comentarios

  1. Consideró que se debería liberar a los presos de menor pena o los que estén por cumplir su condena para poder brindar un respiro al hacinamiento que hoy tienen la mayoría de penales de todo el Perú.Asi mismo deben aislar , la mejor forma de combatir este virus es no teniendo contacto con la población .

    Le gusta a 1 persona

    1. Gracias por comentar Andrés e interesante opinión. En efecto, son distintos los criterios y las medidas que se podrían implementar para reducir el hacinamiento penitenciario y estas medidas pueden estar pensadas (i) en el contexto de pandemia o (ii) formuladas institucionalmente a largo plazo. Sobre la primera perspectiva hay quienes proponen una nueva evaluación del tiempo de pena de diversos delitos (como los cometidos contra el Estado, que serían menos graves que los que privan de la vida). Sobre la segunda, la liberación de internos tomando diversos criterios si sería algo más pensado en el actual contexto o en todo caso disponer la suspensión temporal de la ejecución de las penas de delitos menos graves.

      Sobre el tema del aislamiento; en efecto, parece ser la mejor medida para prevenir el contagio del Covid – 19, no obstante el personal que trata a los internos sigue expuesto a canales de contagio. Basta con que uno de ellos sea el nexo entre el Covid-19 y los internos, para que haya resultados catastróficos. Sin duda, un gran reto para el Estado y para nosotros como sociedad académica.

      Me gusta

  2. Interesante aporte, Dr. Helmut. Considero -tanto como usted- que el principal problema del sistema penitenciario peruano es que no se está utilizando para los fines que fue creado ni respetando lo que dicta la constitución. Se espera que la tasa de delincuencia se reduzca pero se sigue viendo a las cárceles como campos de concentración y de violencia que los reos deben recibir cuando en realidad el principal objetivo es que se puedan reintegrar a la sociedad. La liberación de reos en delitos en donde no involucre la vida es primordial para evitar su contagio y/o propagación entre el personal del INPE también. Es menester reestructurar todo el sistema penitenciario a fin de que prevalezca LA PRIVACIÓN DE LA LIBERTAD, como castigo en lugar de repetir la cadena de violencia de las que todos quejamos pero que finalmente promovemos.
    Un gusto poderlo saludar.

    Le gusta a 1 persona

    1. Gracias Jayro por leer el post y el comentario. Definitivamente, hay varias medidas que tomar. Que van desde aplicar debidamente las normas vigentes (como la prisión preventiva), hasta quitar la pena privativa de libertad para ciertos delitos (hay quienes proponen la despenalización del delito de omisión de asistencia familiar) y optimizar la aplicación del indulto y las gracias presidencial en diversos supuestos. Claro, mucho se dice, pero quienes deciden no han venido adoptando las medidas para resolver al menos el hacinamiento penitenciario y es altamente probable que en este contexto no hagan mucho o nada. Al menos por ello se podría empezar.

      Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .

A %d blogueros les gusta esto: